¿Por dónde pasa el alto desempeño en las organizaciones?

Hoy más que nunca, es necesario que las conversaciones en el directorio de las empresas fluyan para poder tomar decisiones efectivas. Sin embargo, uno de los problemas más frecuentes es la dificultad para conformar un directorio profesional que funcione realmente como un equipo de alto desempeño. ¿Qué rol juegan los valores compartidos para lograrlo?
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El contexto actual exige ser más efectivos y eficientes que nunca, empuja a tomar decisiones difíciles en medio de una gran incertidumbre en la que la mayoría de las previsiones y planificaciones previas hacen agua. Más que nunca, es necesario que las conversaciones en el directorio de las empresas fluyan y que las diferentes perspectivas, que enriquecen la percepción del negocio y sus posibilidades, confluyan en decisiones efectivas para redirigir el rumbo de la organización alineando áreas y personas.

Uno de los problemas frecuentes de las empresas familiares anida precisamente en la base de su estructura directiva: existe una dificultad para conformar un directorio profesional que funcione realmente como un equipo. Muchas veces los traspasos generacionales y las cuestiones internas hacen que los integrantes no sean definidos con una real noción de equipo, y que falte precisión respecto del rol de cada uno dentro del gobierno de la empresa.

“Contar con un equipo de alto desempeño en el directorio de la empresa puede ser, en este contexto, la diferencia entre surfear exitosamente el tsunami o sucumbir”, destaca Alejandro Figini, director de aqnitio. “La capacidad de tomar decisiones rápidas y sustentadas por todo el equipo directivo para que sea capaz de alinear a toda la organización es un factor fundamental que enfatizamos en aqnitio”, agrega.

Lograr esta unidad de propósito requiere que todos los integrantes de la organización, no solo el directorio, se identifiquen con valores en común. “La raíz de muchas situaciones de conflicto suele estar en valores diferentes, por eso es tan importante trabajar para definir una escala de valores común que guíe la toma de decisiones”, explica Figini.

Tanto el liderazgo como las gestiones operativas se verán beneficiados si están respaldados en la consolidación de estos valores. En efecto, los valores considerados como criterios para la toma de decisiones son el factor que posibilita que cada persona pueda ejercer una autonomía responsable dentro de su área de desempeño.

Para aqnitiolas claves a tener en cuenta para poder lograrlo son:

·         Coherencia entre el decir y el hacer: la dirección a través de valores es una tarea que comienza por el directorio para luego hacerse extensiva a toda la organización. Para que la metodología sea efectiva, los valores deben confrontarse, probarse ante las situaciones reales y las decisiones concretas del día a día, de manera que no haya una divergencia entre los valores declarados y los que realmente subyacen en cada decisión del negocio.  Al igual que con un individuo, podemos considerar que lo que la organización “hace” en cada decisión, es verdaderamente una manifestación de sus valores.

·         Explicitar los valores y hacerlos conscientes: ponerlos en blanco sobre negro, ya sea para cuestionarlos o para reafirmarlos, evita el tremendo desgaste y derroche de energía que se da en discusiones donde lo que subyace es finalmente una diferencia en los valores que sustentan cada postura. Cuando los valores han sido internalizados en el directorio y cada miembro del equipo los tiene en la mira, las decisiones muchas veces se insinúan por sí mismas y se facilita el consenso.

·         Hacer extensiva la tarea a toda la organización: nuevamente sometiendo los valores a las situaciones concretas a resolver que competen a cada área de la organización.

El trabajo con valores requiere “robarles” tiempo a las urgencias del día a día, tal como sucede con muchas de las cosas importantes. “En esto, es aplicable el cuento del hachero que cada día se levantaba más temprano y se esforzaba más, obteniendo sin embargo peores resultados. Hasta que un viejo leñador le preguntó: ¿Cuánto hace que no afilas el hacha?”, explica Figini.

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