Un colaborador ingresa a una compañía, usualmente no conoce prácticamente a nadie y con el paso del tiempo va desarrollando relaciones con diferentes niveles de intensidad, los encuentros por proyectos, las relaciones con clientes internos, el compartir el café, la hora de almuerzo, los festejos de cumpleaños, las reuniones de equipos o las actividades de integración que organiza la compañía, hace que se generen vínculos estrechos, el compartir buenas o malas noticias, las emociones intensas que se producen durante el trabajo, las horas sin dormir por el armado de una licitación, el desvelo por aquellas máquinas que no logran arrancar y así son innumerables las situaciones que generan lazos emocionales entre los miembros de una organización.
Hay compañías que trabajan mucho la integración de sus equipos otras no tanto. Pero en general indistintamente de la compañía la persona va desarrollando vínculos más o menos estrechos productos de compartir muchas de las situaciones anteriormente mencionadas. Solo basta recurrir a la etimología de la palabra “compañero”, que alude a dos o más personas se encuentren para compartir el mismo pan”. La lógica indica que cuando un colaborador deja la compañía, con el tiempo esas relaciones se van debilitando, tal vez quedan algunos contactos en las redes sociales y excepcionalmente alguna relación puede persistir en el tiempo, pero en general son excepciones. Es lógico ya no solo no se comparte el mismo pan, ni los proyectos, ni el café diario, sino que además en general se comienza en alguna nueva compañía donde el ciclo de relaciones se reinicia
Este fenómeno se puede relacionar con algunos de los aspectos negativos que tiene el teletrabajo cuando es aplicado en tiempo completo. Ya se comprobó años atrás en Estados Unidos, que en las organizaciones que aplicaban políticas de teletrabajo tiempo completo, sin otras acciones adicionales, los colaboradores tendían a perder el sentido de identidad organizacional, se desconectaban de la cultura y se perdía la capacidad de intercambiar información y generar espacios colaborativos con el consecuente impacto en la capacidad de innovación de la compañía.
Podemos pensar entonces las oficinas, como aquellos espacios donde la tribu se juntaba al rededor del fuego a contar historias y compartir comidas. Espacios entonces de unión y relacionamiento.
A diferencia de lo ocurrido en el pasado, hoy existen múltiples aplicaciones tecnológicas que pueden resolver en buena parte estos problemas y las compañías deben de tenerlo en cuenta para utilizarlas en situaciones un entorno de trabajo 100% remoto. Aplicaciones de comunicación, herramientas colaborativas son indispensables en las organizaciones. Hay también una fuerte tendencia a incorporar aplicaciones de Realidad virtual que favorecen encuentros de trabajos virtuales que potencian la innovación y el trabajo colectivo.
Hoy, las compañías más exitosas son las que han entendido este problema e implementan una serie de actividades de integración, como encuentros con el ceo, desayunos con los líderes, espacios de feedbacks, reuniones de equipos para chequear estado emocional y un sinnúmero de acciones extra laborales, como happy hours , clases de gimnasia, encuentros en donde los empleados muestran las casas, talleres de meditación, picadas virtuales con shows en extreaming y hasta clases de cocina para la familia, para de esta forma generar esos encuentros entre sus colaboradores que los mantengan conectados emocionalmente entre sí y con la cultura de la compañía, proponiendo alternativas para volver a compartir el pan, aunque sea en forma virtual.






