Chile, Uruguay, Costa Rica y Colombia lideran esta iniciativa. Sin embargo, la región está formada por países con estructuras energéticas muy distintas, con agendas disonantes, por lo que resulta necesario un trabajo organizado y mancomunado.
Según datos de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), América Latina y Caribe poseen un 25% de renovables en la composición de su matriz primaria de energía. Un 59% de la generación de electricidad proviene de fuentes renovables y su ambición es alcanzar el 70% antes del 2030.
El país con la generación eléctrica más limpia de la región es Uruguay. Desde 2012, se empezó a reducir el uso de energías fósiles para la electricidad y se sustituyó por energía eólica. Actualmente, el 40% de la energía eléctrica es generada por ésta. Del lado contrario están México, Bolivia y Argentina que utilizan gas natural, carbón y petróleo. En México se utilizan los combustibles fósiles como principal fuente energética: no obstante, comienzan a promoverse los parques solares y eólicos. La energía solar se triplicó en tres años por la instalación de parques solares de inversión europea con tecnología china.
Sin embargo, en la actualidad, el 85% de la matriz energética primaria del mundo todavía está formada por hidrocarburos y carbón, fuentes dominantes de emisiones de gases de efecto invernadero que impulsa el aumento de la temperatura media mundial, que ya ha subido alrededor de 1,1C por encima de los niveles preindustriales, de las cuales las actividades humanas son las responsables.
Además, el informe sobre la brecha de producción de la ONU muestra que los países tienen previsto aumentar la producción de combustibles fósiles en un 2% de media anual, lo que en 2030 supondría más del doble de la producción coherente con el objetivo de 1,5C.
Este escenario resulta un escollo difícil de sortear. Por un lado, muchos países dependen de la demanda de combustibles fósiles para obtener ingresos fiscales, ya que cerca de la mitad de lo que se produce en la región se exporta. Por ejemplo, entre 2013 y 2018, en promedio el 8% de los ingresos públicos en Ecuador, el 6,6% en Trinidad y Tobago y el 5,4% en México, dependieron de la explotación de petróleo y gas natural.
Con la reciente subida de los precios del petróleo y la imperiosa necesidad de rescatar las economías, muchos países de la región buscan desarrollar sus combustibles fósiles.
La Agencia Internacional de Energía asegura que para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento a 1,5C, no se pueden aprobar nuevos yacimientos de petróleo y gas ni construir nuevas centrales eléctricas de carbón en ningún lugar. En ese sentido, urge una transición en el mundo y, especialmente en América Latina, lo que implicaría una recuperación sostenible de la pandemia.
La única manera de reducir las emisiones comprometidas es cerrar las centrales eléctricas existentes y sustituirlas por capacidad de energía renovable, y dejar las reservas de gas natural, petróleo y carbón bajo tierra. Sin embargo, hacerlo con rapidez exigiría retirar los activos físicos antes del final de su vida útil prevista, convirtiéndolos en activos varados e incurriendo en importantes costos para los propietarios de los activos y los trabajadores.
En ese sentido, los Estados pueden desempeñar un papel estratégico en la gestión de estos riesgos al diseñar una estrategia fiscal para gestionar la incertidumbre causada por la posible baja de ingresos por hidrocarburos. De ese modo, pueden diseñar políticas que consideren y aborden los impactos distributivos para los sectores económicos y los trabajadores afectados, y ayudar al sector financiero a internalizar los riesgos climáticos en la toma de decisiones.
El rol de Argentina en la generación de energías renovables
En Argentina hay un mayor uso de la energía nuclear, eólica y solar, pero no se sustituye al carbón y sí a la hidroenergía. A mediados de agosto, la generación energética de fuentes renovables en Argentina alcanzó un récord del 24 % de la demanda total, aunque el promedio anual se sitúa en el 10 %. Cambiar la matriz eléctrica, actualmente basada en el 85 % en combustibles fósiles, hacia fuentes limpias de energía es una de las vías más rápidas de reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
Cabe destacar que Argentina presentará ante la próxima Cumbre Climática, que se realizará en Glasgow, Escocia, del 1 al 12 de noviembre, el compromiso de llegar al 30 % de participación de renovables en su matriz eléctrica para 2030.






