Pymes al límite: ¿hasta cuándo nos van a seguir asfixiando?

Análisis de Camilo Alberto Kahale, presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), sobre la acuciante situación de las pymes. Una radiografía con los últimos índices negativos de la economía pyme y un detalle de las medidas tomadas por la actual gestión que impactan directamente en las pequeñas y medianas empresas.
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Camilo Alberto Kahale, presidente de FEBA

(ARGENTINA) Hay algo que las pequeñas y medianas empresas ya no pueden seguir haciendo: absorber indefinidamente nuevos costos, impuestos y restricciones mientras intentan sostener sus ventas, empleos y actividad.

Las pymes necesitan producir, vender, invertir y financiarse. Sin embargo, en lugar de encontrar condiciones que les permitan hacerlo, siguen acumulando obstáculos que impactan directamente sobre sus márgenes y su capital de trabajo. La reciente decisión de la Comisión Nacional de Valores (CNV), -que modificó el circuito de utilización de cheques electrónicos- es un nuevo ejemplo.

Hasta ahora, las empresas podían depositar eCheqs directamente en cuentas comitentes de agentes de liquidación y compensación y utilizar esa operatoria para administrar su liquidez evitando, en determinadas circunstancias, el impuesto al cheque. La nueva normativa obliga a canalizar los ingresos y egresos mediante cuentas bancarias.

Para las pymes que utilizaban este mecanismo, significa perder una herramienta concreta de administración financiera y asumir nuevamente un costo tributario que podía representar hasta 1,2% de una operación, considerando el impuesto sobre créditos y débitos. Si bien puede parecer un porcentaje pequeño cuando se lo toma de manera aislada, para una pyme que trabaja con márgenes cada vez más estrechos, no lo es.

El problema de las pymes argentinas no es un impuesto, una tasa o un costo en particular. Es la acumulación de decisiones que impactan sobre su economía y su negocio. Mientras las empresas enfrentan dificultades para sostener sus ventas, tienen que hacer frente a alquileres, servicios, logística, impuestos y reposición de stock.

Al mismo tiempo, acceder al financiamiento continúa siendo una tarea difícil. El diagnóstico presentado por CAME es contundente: sólo una de cada tres pymes logra acceder efectivamente al financiamiento, pese a que el 73,7% manifiesta intención de invertir. El problema, entonces, no es la falta de voluntad para crecer, sino que muchas veces el crédito disponible no está diseñado para la realidad de la pyme.

Y cuando una empresa no puede financiarse adecuadamente, cada punto de costo pesa más. Cada impuesto impacta más. Cada aumento de una tarifa asfixia más. Cada día de demora en cobrar una factura es como jugar al ahorcado.

La inflación mayorista vuelve a poner esta realidad sobre la mesa. Según informó el INDEC, el Índice de Precios Internos al por Mayor aumentó 2,1% en agosto, casi tres veces el 0,8% registrado en julio. En los primeros ocho meses del año acumula un 19,1%. Los productos nacionales aumentaron 2,1% y los importados 2,9%.

No se trata simplemente de comparar un número con otro. Para una empresa, una suba de los precios mayoristas significa mayores costos de reposición y presión sobre el capital necesario para mantener el mismo nivel de actividad. Y si además el consumo no acompaña, trasladar esos aumentos íntegramente a los precios finales no siempre es una opción.

Ahí aparece una de las grandes tensiones que atraviesan hoy las pymes: los costos suben, pero la capacidad de trasladarlos al precio no se puede aplicar de manera lineal. Hay una realidad que parece no reflejarse en las hojas de cálculos de los que manejan este país, no hay plata en la calle.

Desde FEBA venimos advirtiendo sobre esta situación y llevando estas preocupaciones a los ámbitos institucionales. Recientemente, representantes de nuestra Federación mantuvimos una reunión con senadores bonaerenses para plantear las dificultades que atraviesan las pymes de la Provincia: caída del consumo y las ventas, presión impositiva nacional, provincial y municipal, tasas municipales, costos de los servicios públicos, infraestructura y seguridad, entre otros temas.

No estamos pidiendo privilegios ni tratamientos especiales. Estamos planteando condiciones para que una pyme pueda seguir sobreviviendo en un contexto económico cada vez más complicado. Por eso necesitamos discutir una agenda que reduzca la presión que hoy pesa sobre quienes producen y comercian:

-Necesitamos un sistema tributario más simple y menos distorsivo. Necesitamos revisar el peso de Ingresos Brutos, las tasas municipales y los saldos a favor que inmovilizan recursos.

-Necesitamos que el impuesto al cheque pueda convertirse progresivamente en crédito fiscal para las micro y medianas empresas.

-Necesitamos instrumentos de financiamiento con tasas, plazos, garantías y criterios de evaluación compatibles con la realidad de las pymes. Esas son, entre otras, las propuestas que el sector empresario viene planteando.

-Necesitamos proteger el capital de trabajo.

Además, hay una situación que requiere especial atención: las pymes que ya están endeudadas con el fisco. Las facilidades vigentes pueden ser un punto de partida, pero el sector necesita mecanismos de refinanciación que contemplen la capacidad real de pago y eviten que los embargos y ejecuciones fiscales terminen profundizando la crisis de empresas que todavía pueden sostener su actividad.

La pyme no pide que le resuelvan el negocio. Pide que no le agreguen obstáculos. Las pequeñas y medianas empresas bonaerenses quieren invertir, incorporar tecnología, generar empleo, producir y competir. Pero para hacerlo necesitan previsibilidad, financiamiento y una estructura de costos que les permita trabajar con márgenes razonables.

El dato del financiamiento debería interpelarnos: si el 73,7% de las pymes tiene intención de invertir, pero solo una de cada tres consigue acceder efectivamente al financiamiento, tenemos una oportunidad que estamos desaprovechando.

Las pymes son parte central del entramado productivo bonaerense. Y si queremos una economía que crezca de manera sostenida, necesitamos que puedan respirar.

De seguir acumulando costos y restricciones, la asfixia termina siendo una política de hecho. Y ninguna economía puede crecer si quienes producen están permanentemente intentando sobrevivir.

Por Camilo Alberto Kahale, presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA)

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