COVID-19: ¿Una oportunidad para democratizar el desarrollo de tecnologías médicas en América Latina?

En el marco de una serie de diálogos de política sobre el COVID-19, el BID, a través de su Red CRITERIA, organizó un webinar con José Gomez-Marquez, director del Little Devices Lab en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). ¿Pueden los países de América Latina y el Caribe empoderarse para producir sus propias pruebas de diagnóstico y otros dispositivos para enfrentar la pandemia del coronavirus?
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La carrera global para acaparar suministros e insumos médicos.

En el afán de aumentar la capacidad de los sistemas de salud para responder a la emergencia sanitaria, los gobiernos alrededor del mundo iniciaron carreras contra reloj para conseguir ventiladores, reactivos químicos, hisopos, mascarillas, entre otros insumos médicos. Ante una capacidad de producción mundial restringida y una demanda global creciente y voraz, los países están enfrentado precios extremadamente elevados, escasez de insumos y han sido incluso víctimas de prácticas ilegales o “piratería moderna”. Un respirador mecánico, por ejemplo, que tenía un precio de aproximadamente $16.000 USD antes de la emergencia, hoy puede sobrepasar los $50.000 USD en el mercado internacional, y es entregado con dilaciones de hasta 4-5 meses. Incluso los costos de transporte pueden sobrepasar el costo mismo de los insumos.

Gómez-Márquez señaló que el mercado internacional de reactivos está colapsado y se han caído las cadenas de distribución. Más aún, la competencia por acaparar la mayor cantidad de insumos médicos probablemente no cesará y las pruebas diagnósticas no constituyen la excepción: Se ha dicho de manera reiterada que la realización masiva de pruebas de diagnóstico es parte de la estrategia de contención de la epidemia. En este sentido, los países continuarán demandando reactivos que son producidos en laboratorios en Estados Unidos, Corea, Alemania, entre otros, hasta tanto no se desarrolle la vacuna contra el virus.

En la economía de mercado el mejor postor o aquel con mayor capacidad de pago es el ganador, lo que lleva a los países de ingresos medios-bajos a ser de los últimos en la fila. De hecho, hace poco, el Prof. Lauterbach, líder de la respuesta al COVID-19 en Alemania, recomendó a los países de América Latina y el Caribe: “empiecen a negociar con empresas pequeñas y grandes para que se independicen de importar estos productos porque el mercado está colapsado y los precios que se están pagando actualmente están totalmente fuera de proporción.… les sugiero tratar de recurrir a sus propias industrias nacionales e independizarse de la importación porque quizás el mercado no tenga los resultados a los que estamos acostumbrados y por el contrario les puede llegar a jugar en contra

Ante el campo de juego desigual, hay que buscar opciones distintas a los insumos comerciales.

Históricamente en la región hemos dependido mayoritariamente de las investigaciones e innovaciones tecnológicas en salud que realizan los países industrializados. Nuestras capacidades en investigación médica y desarrollos tecnológicos siguen rezagadas respecto a otras regiones del mundo y las advertencias sobre falta de acceso a insumos importados para combatir la pandemia en América Latina no se han hecho esperar. Ante la pregunta de si en la región podemos producir los insumos necesarios para realizar las pruebas de COVID-19, la respuesta de Gómez-Márquez es un rotundo SI. Por ejemplo, en el caso de las pruebas moleculares (PCR), se requieren enzimas y reactivos de apoyo que venimos demandando en el mercado internacional. Si bien estas enzimas no se hacen hoy en día en la región, la fabricación local es totalmente factible en la medida que conocemos la secuencia del virus y es posible desarrollar capacidades para aplicar protocolos de fabricación en laboratorios de la región.

El verdadero obstáculo al final no es tecnológico, sino de mentalidad. “Al final lo que tenemos es un obstáculo de tradicionalismo”, afirma Gómez Márquez. Necesitamos fomentar en América Latina y el Caribe una cultura de experimentación y aprovechar la red de laboratorios que existe actualmente en los países de la región, no sólo en las ciudades principales. Hoy en día tenemos redes de laboratorio con personal equipado que ha aprendido a emplear protocolos desde hace varios años y tienen la capacidad de aprender los nuevos protocolos del siglo XXI. “Quizás hace 30 años sabían hacer una gota gruesa para tuberculosis o para otra cosa, hoy no hay ninguna razón por qué no les podemos enseñar cómo producir una línea de células que expresen este tipo de enzimas y, en efecto, hagan este tipo de ensayos…esa gente es la que está más motivada ahorita para echar a andar esos protocolos” (Gomez-Marquez – Transcripción del webinar).

Es el momento para que aflore la creatividad, el emprendimiento y la innovación en la región.

A la fecha han surgido algunas iniciativas interesantes. En Perú, por ejemplo, en la Universidad Mayor de San Marcos ya inició un proyecto para producir kits de diagnóstico molecular de COVID-19, a un costo menor a la quinta parte de lo que se paga en el mercado nacional. En Costa Rica, están iniciando estudios para adaptar protocolos para sustituir partes o etapas de kits comerciales usados actualmente para pruebas COVID-19, por otros que cumplan la misma función, pero empleando insumos y reactivos de menor demanda. En Colombia varios laboratorios están trabajando en la fabricación local de reactivos, incluidas las enzimas requeridas para las pruebas de PCR.

Las iniciativas que empiezan a consolidarse en universidades y centros de investigación de la región son sin duda muy valiosas, pero se necesita hacer más. Para promover realmente capacidades locales que generen autosuficiencia y logren responder a la demanda por reactivos químicos para pruebas COVID-19, por ejemplo, se necesita de líderes locales que tengan fe en las capacidades de sus propios empleados y se atrevan a impulsar proyectos de investigación y producción local.  Por su puesto, también hay que superar otros obstáculos tales como el asegurar la viabilidad financiera de estas iniciativas y pasar del prototipo a la producción en masa. Esto requiere no sólo de una inversión de recursos importante sino de mucha voluntad política.

La respuesta de salud pública al COVID-19 en la región no puede estar supeditada a la competencia por suministros en el mercado global.  La emergencia sanitaria obliga a los gobiernos a buscar soluciones rápidas con tal de salvar el mayor número de vidas humanas. Sin embargo, es una carrera contra reloj que exige actuar ante las limitaciones en la cadena de producción y racionalizar los pocos recursos disponibles. Ésta puede ser la oportunidad en la región para fortalecer las redes de conocimiento y fomentar capacidades locales de investigación y desarrollo en el área de dispositivos médicos. “Si fomentamos una ciencia local desde las enfermeras hasta los laboratorios, vamos a hacer grandes cosas. La tecnología ya se democratizó” (Gomez-Marquez – Transcripción del webinar).

Nota: Si conoces de más iniciativas que estén surgiendo en la región, dirigidas a producir los insumos necesarios para aumentar las capacidades de diagnóstico o para tratar pacientes con el virus, por favor compártelas con nosotros en la sección de comentarios.

Fuente: BID

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