Dolarización, una propuesta con partidarios y detractores

En medio de una crisis de la economía argentina, con creciente inflación y una fluctuación del tipo de cambio, son muchas las especulaciones que surgen respecto a posibles soluciones. Partidarios y detractores disputan la propuesta de dolarización, que hace tiempo sobrevuela el imaginario de la sociedad, donde especialistas debaten efectos y consecuencias.
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(ARGENTINA).- Al respecto, el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, que dirige Víctor Beker, advierte que dolarizar la economía argentina, como propone Javier Milei, significaría que el tipo de cambio se elevara a 620 pesos, con la base monetaria y las reservas disponibles actuales. Es decir que quien cobra un sueldo de 100.000 pesos pasaría a percibir 160 dólares.

Ahora bien, para hacer un racconto, según el especialista Salvador Di Stéfano, la tasa de inflación tiene un ritmo superior al 4% mensual. Si en el segundo trimestre repite este comportamiento, se debería esperar una inflación mayor al 60% anual. Por el dólar, la tasa de devaluación se está acelerando, pero no ayuda. La tasa de interés en el 44,5% anual es una amenaza al crecimiento.

Por su parte, el portal Agrositio, indicó que la tasa de inflación será inferior al aumento del tipo de cambio con el dólar, esto generaría un aumento de costos que no podrá trasladarse a precio, por ende, caerá la rentabilidad en las empresas.  Para el año 2022 la media de las consultoras de mercado espera que la variación del dólar oficial supere a la inflación, más allá de los guarismos, esto implica que muchos insumos provenientes del exterior o locales, pero con cotización internacional tendrán una suba mayor que el costo final del bien colocado en plaza.

Estos problemas se darán mayoritariamente en el sector alimentos, por ejemplo, la leche cuenta con insumos atados a la cotización del dólar oficial, como es el caso del maíz, sin embargo, su producto colocado en plaza tiene una alta dependencia del salario. Una suba del maíz, que no pueda convalidar un aumento en el precio de la leche, le quitará rentabilidad al productor, si su escala es muy baja estará en problemas.

Este problema no es nuevo en Argentina, entre los años 2018, 2019 y 2020 la tasa de inflación fue inferior a la suba del tipo de cambio, esto derivó en una fuerte pérdida de rentabilidad de muchos sectores y marcaron años de fuerte descenso en el PBI.

En los años 2018 y 2019 el PBI cayó el 4,6%, con una baja del consumo privado del 9,4%, 10,5% en el sector industria y del 11,5% en el sector comercio. Todo este se vio agravado por una menor cosecha en el año 2018 producto de una sequía muy importante que vivió el país. Para el año 2020 la caída del PBI fue del 9,9%, con una baja del consumo privado del 13,8%, industria 7,8% y comercio 4,5%, aquí pesó el impacto de la pandemia.

Por qué los argentinos están pendientes del dólar

Los expertos denominan una economía «bimonetaria»: los ciudadanos efectúan sus gastos cotidianos en pesos argentinos, pero, lo que logren ahorrar, lo destinan a la compra de dólares y en esa moneda realizan, incluso, grandes transacciones, como la compra de una propiedad, y fijan los precios de muchos bienes y servicios de la economía.

«Argentina es un país bimonetario. Los actores económicos gastan en pesos y ahorran en dólares. Y esto es independiente del valor del dólar. El tema es la desconfianza en el peso y que como moneda no tiene el atributo de ser resguardo de valor«, dijo a EFE Leonardo Piazza, director de la consultora LP Consulting.

Según el experto, el inicio de este fenómeno se remonta a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, cuando los argentinos comenzaron a comprar dólares para proteger sus ahorros ante la elevada inflación.

Luego llegó la paridad «uno a uno» entre el peso y el dólar, que rigió por casi una década hasta principios de 2002, cuando, en medio de la severa crisis económica, política y social desatada a finales de 2001, el Parlamento derogó la convertibilidad.

El 11 de febrero de 2002 el precio del dólar en Argentina volvió a ser determinado por la oferta y la demanda en la plaza cambiaria. Desde entonces, la demanda de la divisa fue en aumento, por momentos generando episodios de fuerte tensión financiera.

El peso, de equivaler a un dólar, actualmente -a la cotización en el mercado informal- vale poco menos de medio centavo de dólar.

De acuerdo con el Observatorio de Divisas que publica semanalmente el economista estadounidense Steve Hanke, de la Universidad Johns Hopkins, el peso argentino, con una depreciación del 64 % desde inicios de 2020, es la sexta moneda más devaluada del mundo en relación al dólar estadounidense, un ránking que lideran las monedas de Venezuela, Zimbabue, Líbano, Sudán y Siria.

Dolarización, ¿Sí o no?

En una economía en crisis y con un Banco Central con reservas cada vez más pobres, la creciente demanda de divisas ha llevado a las autoridades a imponer en los últimos años restricciones para el acceso a dólares en bancos y casas de cambio.

Esto ha hecho florecer el mercado informal y ha llevado a los inversores a idear mecanismos más sofisticados para hacerse de dólares a través de, por ejemplo, operaciones con bonos y acciones, dando lugar a múltiples cotizaciones -casi una decena- de la divisa estadounidense que prácticamente duplican al valor oficial.

En marzo, el diputado y economista libertario, Javier Milei, volvió a azuzar el fantasma de la dolarización, al afirmar en una entrevista televisiva: “Definitivamente hay que dolarizar, mi compromiso es terminar con la inflación”.

El legislador llegó al punto de proponer un referéndum para “ver lo que dice la gente” al respecto. Como cada vez que se sobrevuela este debate, los economistas utilizaron las redes sociales y su presencia en medios para discutir en forma apasionada, con posturas opuestas. Por un lado, quienes ven la dolarización como la mejor solución al flagelo de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo. Y, por otro, quienes alertan por una inaceptable resignación de soberanía.

El Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano analizó en su último informe mensual las ventajas y desventajas de la propuesta del candidato presidencial Javier Milei sobre la dolarización.

“La primera cuestión que cabe aclarar es que el vocablo dolarización no tiene un único correlato empírico. Por el contrario, hay dos principales esquemas posibles. La dolarización parcial consiste en permitir el uso del dólar como moneda a la par del peso. Es parecido a lo que ocurre en Panamá, donde tanto el balboa como el dólar tienen curso legal. En la práctica, el dólar rige en las transacciones de mayor valor y el balboa se utiliza en las operaciones de menores montos”, explica Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

“En este esquema, el público decide la utilización del peso o del dólar y el Banco Central mantiene su rol de prestamista de última instancia, pudiendo suministrar liquidez a bancos solventes que puedan atravesar situaciones transitorias de estrés financiero, particularmente en circunstancias de crisis económica. También podría seguir financiando el déficit público, aunque cada vez menos, ya que la emisión monetaria generaría un aumento en el tipo de cambio, licuando el valor del peso”, añade.

“La otra posibilidad es la dolarización oficial. En este caso, el dólar pasa a ser la única moneda de curso legal. Es la propuesta formulada por el diputado radical Alejandro Cacace. Ello implica que el Banco Central debe retirar todos los pesos en circulación y canjearlos por dólares de sus reservas. Como la base monetaria es del orden de los 3,7 billones de pesos y las reservas de libre disponibilidad se estiman en unos 6.000 millones de dólares, el canje debería efectuarse a cerca de 620 pesos por dólar. Quien cobra hoy un sueldo de 100.000 pesos pasaría a percibir 160 dólares”, puntualiza el economista.

Asimismo, “si, por el contrario, se quisiera realizar el canje a razón de 200 pesos por dólar, se requeriría contar con 18.000 millones de dólares reservas, es decir habría que obtener un préstamo externo de 12.000 millones de dólares con destino a esta operación”, continúa.

El director del CENE también reflexionó sobre los principales efectos de la dolarización oficial. “Imposibilitado el Banco Central de emitir nuevos pesos y, por supuesto, dólares, el Estado sólo podría financiar un eventual déficit, emitiendo títulos en dólares. Por lo tanto, el nivel del gasto público estaría condicionado a la capacidad de endeudamiento del fisco”, ilustra.

“Una vez producido el ajuste inicial de los precios a la paridad elegida para el canje, la tasa de inflación para los bienes transables convergería con la de los Estados Unidos. Pero ello no debería ocurrir necesariamente para los bienes no transables: un peluquero en Buenos Aires puede aumentar el precio del corte de pelo sin temor a que sus clientes opten por un colega de Brooklyn que cobre más barato. Por consiguiente, la inflación local podría ser significativamente mayor a la de Estados Unidos, en la medida en que haya un cambio de precios relativos a favor de los bienes no transables, tal como ocurrió durante la Convertibilidad. Este aumento de los insumos no transables podría erosionar la competitividad de nuestras exportaciones. Por otra parte, de no ir acompañado por un aumento en la oferta monetaria, que pasará a depender de la Reserva Federal, el aumento de precios internos podría ir acompañado de una caída en el nivel de actividad”, subraya el experto.

La tasa de interés también bajaría significativamente al desaparecer el riesgo de devaluación. Pero no el riego país. El diferencial entre la tasa local y la internacional se iría achicando, en la medida que el ingreso de capitales incremente la oferta local de fondos, pero no se eliminaría”, detalla, y completa: “Al desaparecer el Banco Central como prestamista de última instancia, en caso de una crisis económica, dicho rol sólo podría ser cumplido por el FMI o la Reserva Federal”.

 

Inflación, tema recurrente en la agenda económica argentina

 

Dolarización, devaluación y ajuste

Tal como se indica en Cenital, el primer paso de la dolarización es la devaluación. Es decir, la dolarización implica el cambio del peso argentino como moneda oficial de la economía, que sería reemplazada por el dólar estadounidense.

Entonces, el primer paso para llevar esto a la práctica sería que todas las personas, empresas, negocios y bancos cambien sus billetes por dólares a su cotización actual. Para que esto suceda, claro está, el Banco Central debería liberalizar la compraventa de divisas y además debería tener esa cantidad de dólares en sus reservas.

De lo contrario, provocaría una devaluación que llevaría la cotización del tipo de cambio al valor en que la cantidad de pesos en circulación se equipare con la cantidad de dólares que tiene el BCRA.

Según los últimos datos del BCRA, hay unos $2.6 billones de pesos en circulación. Por ende, si todos fuesen cambiados al tipo de cambio financiero (193 $/USD), se requerirían USD 13.700 millones. En la actualidad el BCRA tiene alrededor de USD 31.000 millones disponibles en su reserva, con lo cual esto podría ser llevado a cabo sin grandes problemas. De todos modos, esto ya de por sí representaría una devaluación del 70% respecto de la cotización del tipo de cambio mayorista, que, como quedó claro de la unificación cambiaria que implementó Macri a fines de 2015, tendría un fuerte impacto.

Pero esta es solo una parte de todo el dinero (en pesos) que hay en la economía argentina. Y ni siquiera es la más relevante. Faltan todos los depósitos en cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos que están en los bancos. En la actualidad eso suma unos $10 billones, que al ser convertidos a dólares al tipo de cambio vigente se traducirían en una demanda de USD 51.550 millones.

El BCRA no cuenta con esa cantidad de dólares. Si aun así se quisieran implementar las medidas, el tipo de cambio debería incrementarse hasta los 400 $/USD aproximadamente para que todos los billetes y depósitos del sistema financiero puedan ser transformados en dólares, lo que representaría una devaluación de casi 250% respecto de la cotización mayorista actual.

La única manera de evitar cualquier tipo de impacto económico sería si se pudiesen dolarizar todos los pesos al tipo de cambio mayorista. El problema es que para que eso suceda, el BCRA debería contar con unos USD 108.000 millones en sus reservas.

El segundo paso, sería el ajuste. Ahora bien, si aun con todas estas dificultades, se decidiera seguir adelante con la dolarización. Surge un nuevo problema. Como el BCRA ahora no tiene más la capacidad de emitir dinero, la única manera de incrementar la cantidad de dólares en circulación (no así los depósitos en el sistema financiero) es que estos provengan del resultado externo. Dicho de otro modo, si alguien quiere un dólar, este debe provenir del exterior (ya sea gracias a un superávit de la balanza comercial, inversiones extranjeras o endeudamiento en dicha moneda).

Y acá aparece el financiamiento del déficit fiscal. O, mejor dicho, acá desaparece el financiamiento monetario del déficit fiscal, porque, si el BCRA no tiene más la capacidad de emitir dinero, entonces el gobierno no puede recurrir más al financiamiento del déficit fiscal por esta vía. A partir de ahora, la única manera de financiarlo es a través del endeudamiento en dólares.

La alternativa sería llevar a cabo un fuerte ajuste de las cuentas públicas que implicaría otro cimbronazo a la actividad económica y al poder adquisitivo de la población.

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