Es así que en la Planta de MINI ubicada en Oxford se está creando un manejo divertido sustentable con un automóvil clásico. Un motor eléctrico para la versión original que combina tradición con tecnología pionera, todo con el espíritu de una economía circular.
En ese sentido, el proyecto MINI Recharged, de BMW, es una oportunidad para seguir contando la historia del Mini clásico en el siglo XXI, de forma sustentable. La conversión a un motor eléctrico combina valores tradicionales con tecnología orientada al futuro.
«Lo que está desarrollando el equipo del proyecto preserva el carácter del Mini clásico y permite a sus fans disfrutar de un rendimiento completamente eléctrico. Con MINI Recharged, estamos conectando el pasado con el futuro de la marca», dice Bernd Körber, director de la marca MINI.
El proyecto MINI Recharged significa que la vida útil de un vehículo puede prolongarse de forma sustentable. El sistema de propulsión es un motor eléctrico moderno que genera una potencia continua de hasta 90 kW y acelera el Mini clásico electrificado de 0 a 100 km/h en aproximadamente nueve segundos. La energía es suministrada por una batería de alto voltaje, que puede cargarse con una potencia de hasta 6.6 kW y permite una autonomía prevista de unos 160 kilómetros.
“Hoy, uno de cada cinco nuevos modelos MINI tiene una conducción electrificada y ahora el proyecto MINI Recharged permitirá que el amor por los vehículos clásicos de la marca se convierta en una experiencia que combina el pasado y el futuro”, destacaron desde la empresa.
La Sostenibilidad en el Sector Automotriz
El sector automotriz no es la excepción a la tendencia actual en producción y consumo sustentable. Se trata de un aspecto relevante, ya que el actual sistema de movilidad impacta en la calidad de vida a través de las emisiones contaminantes y la congestión.
Según el especialista en economía del medio ambiente, Mario Antonio Arroyo Arrazola, hay tres niveles “sustentabilidad” que pueden aplicarse en el sector automotriz:
El primer nivel se denomina “Diseño Verde”. Implica incorporar “detalles” verdes y/o sustentables en el vehículo. Y estos detalles generalmente se aprovechan en la estrategia de mercadeo del vehículo.
El segundo nivel lo denominase llama “Diseño Sustentable”. Implica considerar todo el ciclo de vida del vehículo, buscando minimizar el impacto ambiental de la unidad motorizada en toda su vida útil. La etapa de ciclo de vida con mayor impacto ciertamente es la del uso. Las emisiones generadas por los combustibles fósiles son un problema de alcances locales y globales, con costos potencialmente estratosféricos. Por tanto, aquí el vehículo eléctrico gana buenos puntos. Aunque no debe dejarse de lado que la fuente de la energía eléctrica que consume. Un vehículo eléctrico alimentado con “electricidad sucia” simplemente traspasa el problema de las emisiones de un lugar a otro.
El tercer nivel ya implica una ruptura. Un cambio de paradigma. Generalmente gatillado por la explosión de las nuevas tecnologías. En este aspecto se pueden vislumbrar dos rupturas o cambios de paradigmas.
El primero es la utilización del hidrógeno como combustible. Con este combustible los vehículos generarían como emisiones de agua.
Además, el hidrógeno es un recurso abundante y de libre disposición. Prácticamente un bien público. Por tanto, no costaría.
El segundo es el vehículo autónomo. Aquel controlado por todo este “sistema inteligente” que se está creando en la nube virtual (el “internet de las cosas”). Este sistema inteligente optimiza trayectos y consumo de combustible.






